La Liga Feminista y las luchas sufragistas

Las  primeras propuestas para el reconocimiento al  voto de la mujer iniciaron a finales del siglo XIX, luego de que se quiso desconocer la victoria de José Joaquín Rodríguez en las elecciones de 1889. La población salió a las calles a manifestarse en contra de Bernardo Soto, que quería dejar en el cargo a Ascensión Esquivel. Esta manifestación tuvo lugar en la capital el 7 de noviembre de 1889 donde las mujeres tuvieron un papel protagónico en la protesta. De ahí que, el presidente José Joaquín Rodríguez, fue uno de los primeros en exigir el voto para la mujer, si bien esto no se alcanzó, los liberales si lograron que se reconocieran un derecho importante para las mujeres: la educación.

Desde 1912 se puede hablar del movimiento sufragista en el país. En dicho año un grupo de mujeres lideradas por doña Ángela Acuña Braun inicia una campaña en pro del sufragio femenino. Ella fue la primera mujer en obtener un título universitario en el país, el de abogada y la primera presidenta de la Liga Feminista.

El 17 de marzo y el 17 de mayo de 1913, el Presidente Ricardo Jiménez (gran defensor del derecho al voto de la mujer) propone la reforma de voto directo y secreto, así como para las mujeres; pero solo se aprueba el voto directo y se desecha el voto femenino.

En junio de 1917 el diputado Álvaro Quirós propuso el voto para algunas mujeres, sin embargo, esta votación se perdió por solo cuatro votos (20 votos en contra y 16 a favor). También, el presidente Julio Acosta, en 1920, propuso un proyecto para que las costarricenses letradas pudieran elegir y ser electas en cargos municipales, la propuesta fue rechazada.

El 12 de octubre de 1923 se funda la Liga Feminista. Esta organización nació con 27 integrantes, principalmente estudiantes y profesoras del Colegio de Señoritas, surge por el impulso a los movimientos sufragistas que se estaban gestando a nivel internacional. Algunas de sus principales figuras fueron Ángela Acuña Braun, Ana Rosa Chacón, Corina Rodríguez y Esther de Mezerville.

Solicitudes presentadas para la reforma al Artículo 1 de la Ley Electoral por la Liga Feminista al Congreso en los años 1925, 1929, 1932, 1932, 1934 y 1939 fueron todas rechazadas, algunas por pocos votos, otras por unos pocos.

Algunos políticos e intelectuales liberales de la época estuvieron claramente a favor de impulsar el voto femenino. Por ejemplo, en 1923 cuando el general Jorge Volio creó el Partido Reformista, no solo promovió el sufragio de las mujeres (presentó el proyecto al congreso en 1924), sino que ellas tuvieron una amplia participación dentro de este partido, cantando el himno del partido, como oradoras en plazas públicas, desfilando y como charlistas.

La primera vez que el sufragio femenino se incluyó en un programa de un Partido Político fue en el del Partido Comunista en 1931.

En 1947 el presidente Teodoro Picado, envía la reforma al Congreso el 4 de junio de 1947, la cual no logró pasar al plenario.

Finalmente, el proyecto de Constitución presentado a la Asamblea Constituyente por la Junta de Gobierno incluía la aprobación del voto femenino. El 20 de junio de 1949 se discute y se vota con 33 votos afirmativos, 8 negativos y 4 ausentes, se aprobó el voto femenino.

Diario de Costa Rica, 29 de mayo de 1943

El 30 de julio de 1950, un año después del reconocimiento al sufragio femenino, las mujeres ejercieron ese derecho constitucional en un proceso local en la Tigra y La Fortuna, por medio de un plebiscito, se debía decidir a qué cantón pertenecer, a San Ramón o se cambiaban a San Carlos. La primera mujer que votó fue Bernarda Vázquez Méndez, de 27 años.

A nivel nacional, la primera vez que las mujeres ejercieron el derecho a elegir y ser electas fue en las elecciones de 1953. En estas elecciones resultaron electas las tres primeras mujeres diputadas en Costa Rica, Doña Estela Quesada Hernández, Doña María Teresa Obregón Zamora y Doña Ana Rosa Chacón González. También, resultaron electas 7 regidoras propietarias y 9 suplentes.

Gracias a de todas estas luchas, el país cada vez más tiene representación femenina en puestos de elección popular y ha logrado medidas para garantizar aún más la participación de las mismas en la política, como la reforma al Código Electoral y la aplicación del cuota del 40% de participación femenina.

La Tribuna, 3 de junio de 1934.

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